El recorrido inicia en las primeras salas del Museo Nacional de Bellas Artes, contemplando dos tallas medievales de la Virgen con el Niño, una románica en madera al temple con visión frontal e hierática, similar al arte egipcio antiguo, y otra gótica con pliegues realistas y sonrisa exquisita que humaniza las figuras.
Las salas siguen un orden cronológico con colores distintos por periodo, pasando por la escuela española barroca con obras de El Greco mostrando a Jesús en el huerto de los olivos y de Francisco de Zurbarán con San Francisco de Asís meditando junto a una calavera que simboliza la fugacidad de la vida.
En la sala de Goya, destacan escenas de guerra como fusilamientos y un incendio en hospital con manchas predominantes y tragedia adivinada en figuras esbozadas. Luego, Édouard Manet presenta La ninfa sorprendida, un desnudo realista de mitología griega.
El impresionismo se ejemplifica en Paul Gauguin con La Mujer del Mar y un molino de Vincent van Gogh en Montmartre. Pintores argentinos como Ernesto de la Cárcova con Sin pan y sin trabajo y Ángel Della Valle con La Vuelta del Malón expresan temores de la generación del 80 sobre indios y obreros.
Estas obras maestras representan la colección desde el medioevo hasta fines del siglo XIX en el mayor museo del país.