Un predicador explica la obra del Espíritu Santo según Hechos capítulo 2, donde Dios resucitó a Jesús, lo llevó al cielo y sentó a su derecha, enviando luego al Espíritu Santo a la Tierra.
Jesús afirmó que convenía su partida física porque su presencia estaba limitada a un lugar, pero el Espíritu Consolador, intercesor, ayudador, defensor, consejero y protector vendría a todos los creyentes en todo el mundo mediante el Espíritu Santo.
Los fieles no están huérfanos ni solos, ya que Dios está con cada uno por medio del Espíritu Santo, capacitándolos, guiándolos y apoyándolos en el trabajo evangelístico y misionero.
El predicador insta a dar gloria a Dios por esta presencia divina constante y advierte contra buscar ayuda en "Egipto" o el faraón, enfatizando que con el Espíritu no se necesita nada más.