El predicador continúa exhortando a los televidentes a buscar la presencia de Dios con paciencia, prometiendo que atento a Él, se recibe un toque espiritual que dura semanas y transforma el habla como la de quienes viven en Su presencia.
Citando salmos, describe vivir en la casa de Dios, en Su cámara secreta, deleitándose en Su perfección, protegido en el santuario durante tormentas, con la cabeza en alto sobre enemigos, ofreciendo sacrificios con alegría y respondiendo al llamado divino.
Aunque padre y madre abandonen, el Señor mantiene cerca; ora para que la presencia de Cristo descienda por el Espíritu Santo, abrace y envuelva a cada uno, ministrando a quienes sufren intimaciones, miedos, angustias y luchas internas.
El altar está abierto para encontrarse con Dios de manera especial, sentir Su presencia y oír: "No temas, yo estoy contigo. No te dejaré ni te desampararé. Yo soy tu Dios el que te da fuerza".