El kiosquero Claudio, dueño de un local cerca de tres colegios en Buenos Aires, reporta un desastre en las ventas de enero por el calor intenso, la falta de dinero en la gente y la ausencia total de turismo receptivo del interior del país.
Febrero también fue malo pese al inicio de clases, con tarjetas de crédito agotadas en las familias, tarifas eléctricas que los asfixian y una situación delicada que esperan mejore en marzo. Claudio tiene dos hijos en edad escolar y destaca el bajo movimiento inicial.
Los clientes ahora van solo por lo esencial sin compras impulsivas como antes, optando por productos más económicos, promociones o alternativas más saludables. Los kiosqueros mutaron hábitos para sobrevivir a esta crisis de consumo.
El segmento muestra golosinas como chocolates, alfajores y caramelos en el kiosco, enfatizando el mundo dulce pero con ventas en baja por la economía.