Estados Unidos e Israel coordinaron ataques masivos contra Irán, eliminando al general Jaminahí y líderes de las Guardias Revolucionarias en Teherán y otras ciudades, mientras Irán respondió lanzando misiles contra bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, incluyendo Kuwait, Arabia Saudita, Qatar, Bahréin y Abu Dhabi, y un consulado en Irak del Norte.
Los misiles iraníes contra Israel fueron todos interceptados por defensas estadounidenses e israelíes, y expertos advierten que Irán está muy debilitado tras perder generales clave y capacidades en guerras previas, sin aliados reales y con misiles escondidos que no causan daño significativo.
En Israel, la población permanece en refugios ante posible escalada, mientras EE.UU. promete ir hasta las últimas consecuencias; analistas destacan la dureza del régimen iraní, que se defenderá ferozmente por temor a ser colgados si cae, a diferencia de Venezuela.
Trump esperó hasta el último momento presionando diplomáticamente con países árabes y Turquía, pero Irán no cedió; se menciona riesgo de misiles hacia Italia o Europa, aunque sin impacto real, en medio de ayuno que debilita decisiones iraníes.