El viejo Hotel Edén en las sierras de Córdoba se inauguró en 1892 como un lujoso sanatorio para combatir la tuberculosis, una enfermedad mortal sin cura en esa época que causaba estragos en el mundo.
Inmigrantes alemanes lo construyeron en tiempo récord para ofrecer altura, clima seco y buena alimentación a pacientes adinerados, atrayendo a familias como Blaquier y Anchorena, presidentes como Julio Argentino Roca, Ortiz, Pellegrini y Figueroa Alcorta, el Príncipe de Gales, el Duque de Saboya y hasta Albert Einstein.
El lugar conserva paredes anchas de 1898, escaleras originales y vestigios de su época dorada de glamour, pero sufrió saqueos y abandono que lo dejaron en ruinas, con energía residual de quienes murieron allí.
Guías explican que la construcción implicó sacrificios de obreros con jornadas de 16 horas, muchos de los cuales quedaron atrapados en el sitio, generando interferencias en sonidos e imágenes durante las investigaciones paranormales.
El hotel es famoso por relatos sobrenaturales, incluyendo el fantasma de Ana Jaime de Abarca, una niña de 8 años que murió de tuberculosis el 15 de enero de 1898 pese a los esfuerzos de su padre médico, según memorias de María Herbert de Kreiner y avisos fúnebres del diario Los Principios.
Niños en visitas diurnas perciben a Ana invitándolos a jugar, mientras adultos reportan la dama de blanco, olores nauseabundos, cambios de temperatura, susurros de nombres y sensaciones de ser observados en pasillos y habitaciones.