Santa Victoria Este, en el norte argentino, enfrenta inundaciones repetidas que ya suman cuatro en poco tiempo, dejando viviendas destruidas con pisos hundidos y paredes rotas a solo dos kilómetros del río desbordado. Los pobladores locales construyeron defensas con bolsas y máquinas iniciales, pero el agua filtró y arrasó comunidades enteras por falta de infraestructura estatal.
En la Escuela de Curvita, un centro de evacuación, coordinaron atención a 580 personas, pero las familias prefirieron mojarse en la ruta o campamentos antes que entrar, denunciando escasez de comida, donaciones mínimas y baños colapsados en una escuela no preparada para tanta gente.
Actualmente, distribuyen detergente entre evacuados de tres comunidades: La Estrella con 102 personas, La Gracia con 84 o 85, y 24 de Julio con 22, principalmente mujeres, niños y ancianos hacinados en habitaciones con hasta 25 personas por cuarto. Los varones quedaron cuidando pertenencias como camas y freezers.
La incertidumbre crece día a día, con emociones tensas por imágenes de comunidades bajo el agua y pérdida de bienes; critican que no solo fue el clima, sino la ausencia de infraestructura adecuada que agravó las consecuencias terribles en el norte argentino.
Algunas familias permanecen aisladas o al costado del camino para no perder lo poco que tienen, mientras mujeres y niños buscan alimentación diaria en albergues de emergencia.