Santa Victoria Este, en el norte argentino, sufre inundaciones repetidas que destruyeron viviendas a metros del río desbordado, dejando a familias indígenas en la miseria extrema donde sobreviven día a día sin saber si comerán o tendrán agua.
En la Escuela Curvita, usada como albergue, los evacuados rechazan quedarse por falta de comida mientras niños abandonan la secundaria por hambre, discriminación y carencia de útiles, uniformes o transporte, llegando a casa sin nada para comer.
La deserción escolar es masiva por pobreza y barreras idiomáticas, con jóvenes cayendo en alcoholismo y drogas, vagando como zombies por el pueblo; ya perdieron casi 17 chicos en cuatro años por sobredosis, ahorcamientos, quemaduras autoinfligidas y otros suicidios.
La semana pasada hubo tres intentos más, exigiendo intervenciones integrales en salud, educación, seguridad y social, pero el hospital local de complejidad 2 solo deriva casos graves sin internación, mientras la cultura indígena se pierde por el consumo destructivo.
Expertos alertan sobre la urgencia de presencia estatal ante esta realidad alarmante de consumo problemático que devora a la juventud.