Santa Victoria, una zona remota del norte argentino, sufre un abandono total que ni siquiera se reconoce como parte del país. Los pobladores locales destacan que muchos argentinos la confunden con el Chaco y no la gestionan por falta de interés, dejando caminos intransitables y servicios inexistentes agravados por las lluvias.
La pobreza extrema impide que los argentinos duerman tranquilos si supieran la realidad, según los testimonios, y critican a los decisores como perversos por ignorar las necesidades básicas. En esta área vulnerable, un equipo de 14 profesionales trabaja de lunes a viernes atendiendo comunidades indígenas.
El grupo incluye nutricionista, trabajadora social, psicopedagoga e intérprete bilingüe, que suben a camionetas a las 8 de la mañana para llegar a las 9:30 o 10. Realizan controles nutricionales en niños, miden pesos y promueven hervir el agua de pozo para evitar diarreas y vómitos.
Actualmente atienden 22 comunidades indígenas de etnias chorotes, churupis y huichís, con equipos territoriales en lugares estratégicos. Enseñan a madres a cuidar a sus hijos, como no tapar completamente la nariz para que respiren.