Un estafador conocido como el "tío fiestero" ingresó al supermercado de Canin, cargó bebidas alcohólicas, energizantes y whisky por un valor de 2.250.000 pesos, fingió hacer una transferencia mostrando un alias falso y huyó dejando todo cargado en su auto.
Javier Mosso entrevistó a Romina, la empleada estafada, quien contó que el hombre actuó con total normalidad, se hizo pasar por alguien con chofer y pidió hasta un descuento mientras simulaba el pago. Romina se dio cuenta cuando el pago no impactó y él pretextó mover el auto mal estacionado, cruzando la calle y desapareciendo.
Romina relató su impotencia y bronca, temblando y llorando al enterarse, mientras el supuesto chofer cargaba las cajas. Las cámaras captaron todo: el estafador sonriente, charlando amigablemente, sin sospechas por el alto volumen de bebidas que revende fácil en el mercado negro.
Los conductores destacaron el perfil repetido en otros casos, como un robo en Castelar por menores que cargaron ítems similares: energizantes, alcohol, chocolates y electrónicos, ideal para fiestas clandestinas. Advirtieron sobre denuncias virales en redes de estafas parecidas con personajes de apariencia arreglada.
Periodistas calificaron al ladrón de "chanta, atorrante y turro", enfatizando la puesta en escena prolija con remera de marca y pelo de peluquería para aparentar plata, y la vulnerabilidad de los trabajadores.