El depredador Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell reclutaron menores vulnerables con promesas de modelaje y dinero fácil, abusándolas en mansiones y convirtiendo el horror en un servicio para poderosos amigos. La fórmula se repetía: chicas de 13 o 14 años llegaban para supuestos masajes que derivaban en agresiones sexuales, con amenazas de represalias si hablaban.
Maria Farmer denunció en 1996 tras ser agredida junto a su hermana Annie, notando cámaras espía en la mansión neoyorquina, pero su queja al FBI quedó enterrada. En 2000, la periodista Vicky Ward investigó para Vanity Fair, entrevistando a las Farmers, pero Epstein presionó al editor Graydon Carter y los testimonios fueron eliminados del perfil publicado.
En Palm Beach, cerca de Mar-a-Lago de Donald Trump, Epstein armó una red sofisticada: reclutadoras en escuelas pobres ofrecían 200 dólares por masajes que terminaban en abusos, pagando bonos a las que traían más víctimas. La policía investigó en 2005 tras denuncia de una madrastra, hallando fotos de menores, libros sadomasoquistas y pruebas de trillizas de 12 años traídas de Francia, identificando 34 víctimas.
El fiscal Barry Krischer suavizó cargos vía gran jurado a solo solicitud de prostitución, ignorando abusos a menores. El FBI escaló, pero Alex Acosta dio acuerdo en 2008: 18 meses con salidas diarias y inmunidad total, justificando después que Epstein era de "inteligencia". Liberado, voló a su isla Little St. James con Bill Clinton, Kevin Spacey y príncipe Andrés, donde aislaba víctimas para orgías.
Virginia Roberts demandó en 2015 por abusos a los 15, inspirando a Katie Johnson (13 años) pese a amenazas. Julie Brown del Miami Herald revivió el caso en 2018 con 80 víctimas confirmadas, forzando arresto de Epstein en 2019; allanamientos hallaron miles de fotos de menores desnudas.