Gendarmería Nacional, Policía Federal y bomberos desplegaron un fuerte operativo de represión en una plaza prácticamente vacía frente al Congreso, preparados para cualquier acción, mientras un camión hidrante avanzaba amenazante.
La situación se calmó sobre Avenida Rivadavia a la altura de Callao, donde las fuerzas policiales se replegaron pero mantuvieron presencia cerca de la vereda del Congreso. Una manifestante llamada Carina lloró desconsolada, denunciando la reforma laboral como un "genocidio silencioso" que afecta psicológica, moral y económicamente a los trabajadores, exigiendo no firmar la ley y afirmando que su bandera es su única arma contra gases, agua y palos.
Adrián Salón reportó que tres encapuchados prendieron fuego a objetos y provocaron corridas, pero la mayoría de los trabajadores se desconcentró. Entrevistaron a Adriana, quien calificó al gobierno de "desastre" que deja a todos en la calle, y a un comerciante de limpieza y perfumería que lamentó la destrucción económica, la inflación y la baja del consumo, culpando a "hijos de puta" del gobierno.
La policía de la Ciudad formó cordones en Rodríguez Peña y Rivadavia, cortando el tránsito incluso después de disuelta la protesta, impidiendo el paso a peatones y vecinos. Nicolás Munafó reportó desde Solís e Irigoyen sobre este operativo posterior inexplicable, criticando el protocolo de la ministra Alejandra Monteoliva que se exhibe en cada manifestación.
Quedaron pocas personas en la plaza, algunas sentadas en los cordones, mientras otras se retiraban hacia Avenida de Mayo, en un panorama complicado marcado por la bronca contra la reforma laboral aún no firmada.