El despliegue militar masivo de Estados Unidos en Medio Oriente, el mayor en 20 años con portaaviones como el Gerald Ford y el Lincoln, submarinos nucleares, destructores y aviones sin tropas terrestres, busca respaldar las negociaciones nucleares en Ginebra pero endurece la postura iraní, fortaleciendo a los sectores duros que priorizan sobrevivir como régimen.
Donald Trump expresó insatisfacción con los avances, mientras Irán insiste en limitar las charlas al programa nuclear pese a que Estados Unidos exige incluir misiles balísticos y apoyo a proxies como Hezbollah en Líbano, Hamas en Gaza y hutíes en Yemen, debilitados por ataques israelíes tras el 7 de octubre y con Siria ahora aliada de Washington.
El sistema decisorio iraní es fragmentado con el líder supremo, presidente, Parlamento y Pasdaran, y la población muestra descontento por falta de libertades y economía pero rechazaría intervención externa por nacionalismo, a diferencia de Venezuela donde un cambio no afectó tanto la región.
Países árabes del Golfo temen un conflicto que paralice su modernización económica. Para la próxima semana se esperan propuestas técnicas una vez acordado lo general, con esperanza de que prevalezca la cordura pese a que nadie quiere guerra pero la historia muestra riesgos de malas decisiones.