La empresa láctea Arza en Córdoba cerró su planta tras fracasar el proceso preventivo de crisis, dejando en la calle a 400 trabajadores y desguazando máquinas irreemplazables. Marcas icónicas como Jimmy y Sanctor desaparecen en medio de la crisis industrial por la caída abrupta del consumo interno, que obliga a vender equipos como chatarra pese a recientes inversiones para aumentar producción.
Pablo Villano, presidente de APIME (Asociación de Pequeñas y Medianas Industrias Lácteas), explica que las pymes no pueden reconvertirse fácilmente ya que están especializadas en industrializar leche. El mercado interno, vital para ellas, no se recupera salvo excepciones estacionales, mientras las grandes industrias dominan el 80-85% de las exportaciones. Empresas endeudadas o medianas como Arza, Verónica, Sancor y Zipachense quiebran primero, impactando economías enteras de pueblos del interior con promedio de 15.000 habitantes, donde la pyme y los tambos sostienen todo: proveedores, comercios, escuelas.
Villano relata el "mar de llanto" en Totoras por el cierre de Verónica y critica la falta de asistencia estatal: tasas al 40% en bancos tras incendios o crisis, impagables con la economía actual. Rechaza declaraciones de Mario Grinman de la Cámara de Comercio, quien acepta que "algunas empresas van a quedar en el camino", y exige apoyo para reconversión con plazos de gracia y financiamiento, sin regalar nada, para mantener las 600 pymes lácteas. Panelistas destacan que sin mercado interno, la economía no funciona, y remates masivos de motos para delivery ilustran la debacle general de pymes.
El dirigente apela a un acuerdo oficialismo-oposición para definir rubros estratégicos como la agroindustria, esencial para alimentar a la población, y pide planes elaborados de tecnificación en lugar de cambios abruptos de reglas sin transición.