Priscila narra su vida de sufrimiento desde la infancia, marcada por maltrato paterno violento, púrpura infantil y visitas a la Casa de los Espíritus que le provocaron oír voces y ver cosas, impidiéndole dormir desde pequeña.
En la adolescencia comenzó a automutilarse a los 14 años; a los 16 conoció a una pareja más violenta que su padre, con agresiones físicas, quedando embarazada sin cambios positivos, intensificando pensamientos suicidas y cortes letales, llegando a dos hijos en una relación destructiva de 10 años.
Tras separarse, entró en otra relación mutuamente violenta, fumó tres atados diarios, probó cocaína, pensamientos suicidas constantes, internada en psiquiatría diagnosticada con trastorno borderline incurable, crisis económica, embarazo inesperado, cáncer terminal de su madre quien murió poco antes de dar a luz, sintiéndose fracasada como madre en un matrimonio destruido.
A los 30 años de dolor, recordó una visita a la Iglesia Universal a los 17 y decidió ir con su marido; sintió paz inmediata, se aferró a Mateo 6:33, perseveró en reuniones de liberación, se bautizó sepultando su pasado, durmió bien, dejó pastillas, vició, restauró su familia, recibió el Espíritu Santo y gozo verdadero, curada sin necesidad de psicólogos.
El pastor destaca que Priscila venció problemas espirituales, maltrato, borderline y falta de paz eligiendo a Dios; invita a televidentes en dolor similar a llamar al 5252-4070 (011 para interior) o WhatsApp 11-21-87-3936 para ayuda inmediata.