El pastor insta a quienes sufren dolor intenso, deseos de automutilarse o peleas constantes a no cambiar de canal, prometiendo una solución para su problema.
Dirigiéndose a televidentes con problemas emocionales pese a buscar ayuda humana, pregunta si sienten impulsos suicidas o agresivos por el sufrimiento acumulado.
Introduce el caso verídico de Priscila, quien desde niña sufrió maltrato paterno violento y púrpura, recurriendo a la Casa de los Espíritus para sanación.
Priscila relata que desde los seis años oyó voces, vio cosas, no durmió y en preadolescencia se incrementó, comenzando a cortarse a los 14 años.