En el mundo bipolar entre Estados Unidos y China, Latinoamérica juega como zona de influencia estadounidense, donde China se limita a lo económico y financiero sin meterse militarmente por ahora. El invitado explica que en la era unipolar se toleraba la Disneylandia de contestatarios como Timerman, Cristina y Chávez, pero ahora hay premios y castigos: Argentina recibe 20.000 millones de dólares y acuerdos comerciales por alinearse con Washington, mientras Venezuela enfrenta sanciones y la captura de Nicolás Maduro para juzgarlo, y México presiones por fentanilo, migración e ICE.
Groenlandia emerge como clave estratégica para Estados Unidos en su prioridad de controlar el hemisferio occidental, con una superficie equivalente al 80% de Argentina y ubicación vital en el Ártico. Se destacan cuatro ejes: militar, para contrarrestar a Rusia con 50 bases y China; económico, como ruta comercial futura para el 20% del mundo y punto de estrangulamiento; tecnológico, ideal para data centers de inteligencia artificial en zonas frías de permafrost; y recursos, con potencial del 25% de reservas mundiales de tierras raras, uranio y minerales, acelerado por el calentamiento global.
La doctrina Monroe, originalmente defensiva en 1823 bajo James Monroe contra potencias europeas y rusas, fue redefinida ofensivamente por Theodore Roosevelt en 1904 para justificar intervenciones, anexiones y control hemisférico, recuperada por Donald Trump en su 'doctrina Donrow'. Esto implica evitar influencias de China y Rusia en la región, invocando el hemisferio como exclusivo de EE.UU., con repliegue rentable en otras áreas tercerizando costos a aliados como Europa, Israel, Japón y Corea del Sur.
El mundo no es estrictamente bipolar, sino policéntrico con múltiples centros de poder, incluyendo empresas tecnológicas como las de Elon Musk y dinámicas en ASEAN y sudeste asiático, reduccionista limitarse a EE.UU. y China. Para Argentina, pese al alineamiento discursivo del presidente con Trump y viajes a EE.UU., el Estado mantiene comercio diversificado con China, Mercosur y Unión Europea, favoreciendo apertura y políticas industriales para intereses nacionales, aunque se critica la visión gubernamental por no captar esta complejidad global con actores no estatales.
La discusión aborda el derecho internacional en un mundo donde potencias como Trump lo ignoran, priorizando realismo y distribución de poder, con debates sobre si sigue vigente o es obsoleto frente a intervenciones unilaterales.