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Inicio del tiempo de Cuaresma con la Santa Misa presidida por Monseñor García Cuerva

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Hemos iniciado el tiempo de Cuaresma que nos conduce a la vida por un camino de mayor oración, penitencia y limosna hacia la Pascua. Serán cinco semanas dedicadas a la conversión de nuestro corazón para celebrar la resurrección de nuestro Señor. La gracia y salvación de Dios, que nos viene de Jesucristo, demuestra cómo vencer la tentación apelando a la Palabra de Dios. En este Día del Señor, dispongamos nuestro corazón para celebrarlo unidos por radio, televisión y red. La primera lectura del Génesis relata cómo la serpiente tienta a la mujer con el fruto prohibido, prometiendo conocimiento como dioses, y cómo Adán y Eva caen, descubriendo su desnudez y cubriéndose con hojas de higuera.

El Salmo responsorial invoca la misericordia de Dios: "Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas, lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado". Reconociendo las faltas contra Dios, se pide un corazón puro y la renovación del espíritu, sin ser arrojado de su presencia ni privar del santo espíritu, para recuperar la alegría de la salvación. La segunda lectura de San Pablo a los Romanos explica cómo por un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, reinando desde Adán hasta Moisés, pero el don de gracia de Jesucristo es mucho más abundante, justificando a todos después de muchas faltas, haciendo que la vida reine por medio de Él.

El Evangelio según San Mateo describe cómo Jesús es llevado al desierto por el Espíritu, ayuna cuarenta días y enfrenta al tentador: primero, convertir piedras en pan, respondiendo que el hombre vive de la palabra de Dios; segundo, tirarse del templo para que ángeles lo protejan, replicando no tentar al Señor; tercero, adorar al demonio por los reinos del mundo. En la homilía del primer domingo de Cuaresma, Monseñor Jorge García Cuerva reflexiona sobre estas tentaciones, invitando a identificar las propias, ligadas a seducción que arruina la vida, como el consumismo egoísta, la desconfianza en Dios y la sed de poder que lleva a corrupción y división.

El sacerdote enfatiza no dialogar con el demonio, como Papa Francisco alerta, comparándolo a un perro rabioso encadenado. Jesús vence citando la Escritura, sin reducir todo a deseos personales ni poner a Dios a prueba, recordando que Eva cayó por dialogar. Se insta a nombrar tentaciones cotidianas en trabajo, familia o sociedad, para resistir con la palabra de Dios y mantener el proyecto divino contra la división que el diablo busca.