Hemos iniciado el tiempo de Cuaresma que nos conduce a la vida por un camino de mayor oración, penitencia y limosna hacia la Pascua. Serán cinco semanas dedicadas a la conversión de nuestro corazón para celebrar la resurrección de nuestro Señor. La gracia y salvación de Dios, que nos viene de Jesucristo, demuestra cómo vencer la tentación apelando a la Palabra de Dios. En este Día del Señor, dispongamos nuestro corazón para celebrarlo unidos por radio, televisión y redes sociales.
En la homilía, Monseñor Jorge García Cuerva reflexiona sobre las tentaciones de Jesús en el desierto según el Evangelio de San Mateo. La primera tentación es el egoísmo y el consumismo exacerbado, donde Jesús rechaza convertir piedras en pan para no absolutizar sus necesidades personales, recordándonos no olvidar a los demás ni caer en un sálvese quien pueda. La segunda tentación, en lo alto del templo, apela a la desconfianza en Dios, invitando a no ponerlo a prueba ni culparlo por nuestros males. La tercera, desde una montaña alta, es la del poder, donde muchos venden su alma por corrupción, narcotráfico o descalificación de adversarios para lograrlo a cualquier precio.
El sacerdote insta a identificar nuestras propias tentaciones, ya sea egoísmo, desconfianza o abuso de poder en el trabajo o familia, y no dialogar con el demonio como Eva, sino responder con la Palabra de Dios, como hizo Jesús, culminando con 'Retírate, Satanás'. Pidamos a Dios no caer en atajos facilistas, alejándonos de su proyecto, y agradezcamos por los 'ángeles' en nuestra vida que nos sostienen en momentos de debilidad para volver al camino del Señor.
La misa continúa con la profesión de fe en el Credo, recitando la creencia en Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo, la Iglesia y la resurrección. Luego, las oraciones de los fieles por la Iglesia en Cuaresma, por gobernantes contra corrupción y egoísmo, por los necesitados y por todos los participantes virtuales, fortalecidos por la victoria de Cristo sobre la tentación. El Padre Nuestro y la preparación de los dones para el sacrificio cuaresmal.
En la Plegaria Eucarística, se da gracias por Cristo que ayunó 40 días, rechazó las tentaciones y nos enseña a superar el mal para gozar la Pascua eterna. Se consagra el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre, recordando la Última Cena donde Jesús lo partió diciendo 'Tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes'.