En la comunidad rural de Piruás Bajos, marcada por carencias extremas, niños como Mateo y Marcela enfrentan una infancia de belleza natural opacada por amenazas constantes. Viven en casas de nylon o barro sin electricidad, expuestos a víboras e insectos nocturnos, con madres y abuelas vigilando cada paso al baño. La economía depende de hombres que producen carbón y postes de árboles, dejando a mujeres solas en aislamiento. Mateo ingresó al programa de alfabetización impulsado por Valentina Montenegro y la Maestra Gaby en la escuela pública, luchando contra el agua contaminada con arsénico que afecta su salud.
Marcela, con una personalidad expresiva en un entorno introvertido, cuida cabras y terneros desde niña, soñando con ser profesora. Su familia enfrenta escasez: a veces comen, a veces no; sueña con una cama de princesa, ropero y heladera, pero la pobreza impide mejoras. El padre de la familia trabaja cortando árboles para carbón y postes, un proceso laborioso que demora y rinde poco, preocupados por la deforestación que agota el monte y amenaza su supervivencia futura.
La salud es otro flagelo: el agua de la represa contiene altos niveles de arsénico y flúor, causando dolores óseos crónicos en Marcela y su madre, quien perdió a su padre Fasciber y tíos por intoxicación. Sin acceso a médicos por falta de dinero, beben agua contaminada obligatoriamente cuando no llueve, recurriendo a un comisionado que cobra por cisternas entregadas irregularmente. Las lluvias escasas (500 mm anuales vs. 2500-3000 en Buenos Aires) agravan la sequía, forzando viajes de un kilómetro en carreta por agua insegura.
La madre de Marcela enfatiza la importancia de la educación para romper el ciclo de sufrimiento: "Para mí es importante que ella estudie, no ande así como yo por los montes". Desea que Marcela termine sus estudios y tenga un cuarto propio con cama y ropa. La juventud emigra a Buenos Aires por falta de trabajo local, sacrificándose para otros, mientras la familia clama por fuentes de empleo dignas y conservación del monte, destruido por necesidad inmediata sin alternativas viables.