La Nacion + sociedad Resumen de la semana

Infancia amenazada en comunidades vulnerables con programa de alfabetización

Centro Izquierda · intercambio · favorable

En la comunidad rural de Piruás Bajos, marcada por carencias extremas, niños como Mateo y Marcela enfrentan una infancia de belleza natural opacada por amenazas constantes. Viven en casas de nylon o barro sin electricidad, expuestos a víboras e insectos nocturnos, con madres y abuelas vigilando cada paso al baño. La economía depende de hombres que producen carbón y postes de árboles, dejando a mujeres solas en aislamiento. Mateo ingresó al programa de alfabetización impulsado por Valentina Montenegro y la Maestra Gaby, donde aprende a leer y escribir en un entorno de pobreza extrema agravada por deforestación y contaminación.

El agua potable es un lujo inalcanzable, con meses sin suministro seguro y obligación de recorrer kilómetros en carretas o pagar al comisionado municipal que demora entregas. El agua disponible contiene altas concentraciones de arsénico y flúor, haciendo imposible su consumo humano según análisis del Código Alimentario Argentino. Testimonios revelan pérdidas familiares: Marcela perdió a su padre Fasciber por envenenamiento crónico del arsénico en Vilmer, y ella misma padece dolores óseos intensos que la hacen llorar, confirmados por exámenes médicos mostrando niveles de 0.402 en cabello.

El arsénico es hereditario y causa cáncer de piel incurable, con familias diezmadas: de ocho hermanos, siete murieron de cáncer, y sobrevivientes como la madre de Lidia luchan contra lesiones en piernas y manos diagnosticadas por oncólogos. Análisis físico-químicos confirman agua no apta, con síntomas iniciales en piel endurecida y dientes manchados que progresan a cáncer. Adultos consumieron este agua desde la infancia hasta los 20 años, afectando generaciones enteras en zonas como Copa, Alverde y Piroa, donde mueren entre 40 y 50 años.

La escasez se agrava en la sequía de mayo a septiembre, forzando caminatas de 3-5 km o uso de agua de represas contaminadas. En lluvias de octubre a abril recolectan, pero no basta. Mientras, iniciativas como la bioconstrucción ofrecen esperanza: casas de adobe grueso, techos vivos de tierra y pasto, sin cemento ni hierro, usando materiales locales para aislar calores extremos. Proyectos buscan producir mil adobes para viviendas eficientes, con experiencias previas exitosas en la zona sur, beneficiando a familias como la de Felip, un niño de 12 años que extrae agua para vecinos a cambio de golosinas.