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El Poder Oculto de la Gratitud

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El pastor inicia el sermón con la Palabra de Dios, enfocándose en el poder de la gratitud en la oración. Cita al apóstol Pablo en Filipenses 4:6, exhortando a recurrir a la oración y súplica acompañadas de acción de gracias, y en Colosenses 4:2, a dedicarse a la oración con un corazón agradecido. Explica que la oración efectiva es la que va unida a la gratitud, destacando su rol en la oración que prevalece y que Dios escucha. Recuerda cómo los primeros cristianos transformaron el mundo mediante la oración agradecida.

El pastor enfatiza que para dar gracias siempre, en las buenas y en las malas, es necesario someter la vida a la voluntad de Dios, convencido de que Él hace todas las cosas bien y para nuestro bien. La oración de gratitud brota del corazón cuando se acepta el señorío de Jesucristo. Se insta a agradecer por los atributos de Dios como omnipotente, omnipresente, omnisciente, santo, fiel, compasivo, misericordioso, justo y amoroso. También por el Salvador Jesucristo, quien nos adoptó como hijos de Dios desde las tinieblas del pecado, actuando como el buen samaritano.

Se destacan las bendiciones espirituales en Cristo: reconciliación, adopción, paz, revelación, conocimiento y sabiduría celestial. Agradecer por las Escrituras completas, la iglesia fiel, el trabajo como provisión divina, la familia y las pruebas. Dios es la fuente de toda provisión, cambiando los medios pero siempre siendo el origen. Advierte contra idolatrar el trabajo o capacidades humanas, dando toda gloria a Dios como la verdadera fuente de bendición.

La gratitud aviva la fe del orante, activándola para recibir lo pedido, como en Marcos 11:24. Ejemplos bíblicos incluyen a Abraham alabando mientras esperaba la promesa, y los creyentes en Apocalipsis venciendo al dragón con la sangre del Cordero y el mensaje de alabanza. La proclamación de la Palabra es el mejor sacrificio de alabanza, arma contra el enemigo. La gratitud activa bendiciones proporcionales, ya que agradecer es bendecir, como Jesús dio gracias por el pan en la Última Cena, equivalente a bendecirlo según Mateo, Pablo y Lucas.

La acción de gracias atrae la presencia de Dios como un imán, como en la dedicación del templo por Salomón, donde la alabanza colectiva hizo descender la gloria divina, llenando el templo de nube. Para experimentar esto en vidas, matrimonios y iglesias, unir oración y gratitud inseparablemente. Además, quien alaba debe estar santificado, en correcta relación con el Señor, revelando otro secreto para la manifestación gloriosa de Dios.