El pastor inicia el sermón con la Palabra de Dios, enfocándose en el poder de la gratitud en la oración. Cita al apóstol Pablo en Filipenses 4:6, exhortando a recurrir a la oración y súplica acompañadas de acción de gracias, y en Colosenses 4:2, a dedicarse a la oración con un corazón agradecido.
Explica que la oración efectiva es la que va unida a la gratitud, destacando su rol en la oración que prevalece y que Dios escucha. Recuerda cómo los primeros cristianos transformaron el mundo con armas espirituales como la gratitud, una herramienta indestructible que hoy se descuida. Une oración y gratitud como un binomio inseparable, citando 1 Tesalonicenses 5 donde Pablo insta a orar sin cesar y dar gracias en todo.
Enfatiza que la vida está suspendida entre bendiciones pasadas y presentes, y que la gratitud honra a Dios, como dice el salmista. Pablo inicia sus epístolas con acción de gracias, liberando un poder extraordinario. Para dar gracias siempre, se debe someter la vida a la voluntad de Dios, convencido de que Él hace todo para bien.
Se deben agradecer los atributos de Dios: omnipotente, omnisciente, santo, fiel. También por el Salvador Jesucristo, que nos adoptó como hijos de Dios desde las tinieblas. Bendiciones espirituales en Cristo incluyen reconciliación, paz, sabiduría celestial. Dar gracias por las Escrituras completas, la iglesia fiel, el trabajo, la familia, las pruebas y la provisión divina, cuya fuente es siempre Dios.