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El Poder Oculto de la Gratitud

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El pastor inicia el sermón con la Palabra de Dios, enfocándose en el poder de la gratitud en la oración. Cita al apóstol Pablo en Filipenses 4:6, exhortando a recurrir a la oración y súplica acompañadas de acción de gracias, y en Colosenses 4:2, a dedicarse a la oración con un corazón agradecido. Explica que la oración efectiva es la que va unida a la gratitud, destacando su rol en la oración que prevalece y que Dios escucha. Recuerda cómo los primeros cristianos transformaron el mundo mediante la oración unida a la acción de gracias.

Continúa explicando que agradecer y bendecir se usan alternativamente, por lo que al agradecer por el pan, la familia o el trabajo, se los bendice. La gratitud libera poder extraordinario, bendice al que agradece y a lo agradecido, y es clave para la bendición. Hay una guerra espiritual para evitar la gratitud, ya que abre los cielos y atrae la presencia de Dios, como en Hebreos donde la ofrenda es dar gracias siempre. En la dedicación del templo por Salomón, Dios se manifestó cuando el pueblo alabó y dio gracias, llenando el templo con su gloriosa presencia.

Para atraer la presencia de Dios, se necesita un binomio inseparable: oración y acción de gracias, realizado por personas santificadas con temor reverente. Jesús bendijo dando gracias, activando bendiciones y conduciendo a un encuentro personal, como el leproso que volvió a dar gracias y entró en relación profunda con el Señor. Cita Salmo 95 y 100, enfatizando entrar a Dios con acción de gracias. La gratitud conecta con el cielo, mientras la queja aleja.

La gratitud impulsa protección divina, como Josafat que ganó una guerra imposible colocando cantores delante del ejército para dar gracias, confundiendo a los enemigos que se mataron entre sí. Daniel oraba tres veces al día con acción de gracias, cerrando bocas de leones. Pablo no perdía batallas con armas espirituales. Los primeros cristianos trastornaron el mundo con oración y gratitud. Recordar cómo Dios ha provisto da energía espiritual para seguir confiando.

La felicidad plena radica en dar gratitud, no en recibirla. Recomienda comenzar y terminar el día con acción de gracias: al despertar, alabar y agradecer por la vida; al dormir, agradecer por bendiciones y protección. Incorporar "gracias" en el vocabulario para más bendiciones. Dios nos adoptó por misericordia, canjeando perdición por salvación. La fe activa cosas buenas, y el sermón concluye exaltando el poder de la gratitud.