Se detallan los pasos para cancelar maldiciones y maleficios: 1) Hacer de Jesucristo el Señor de la vida y nacer de nuevo. 2) Consagrarse a Dios. 3) Arrepentirse de todo pecado, ya que la desobediencia y el pecado abren la puerta al diablo, dándole autoridad para actuar en contra.
Se explica que la maldición no se rompe con el tiempo, sino con el arrepentimiento y la confesión de pecados. El arrepentimiento precede a la liberación y la sanidad. Al obedecer a Dios, se cierran las puertas al enemigo, se cancelan maldiciones y se activan las bendiciones.
Se enfatiza que la obediencia a Dios es crucial. Si se le abre la puerta al enemigo a través del pecado, este tendrá autoridad para dañar. En cambio, la obediencia neutraliza la maldición y activa la bendición y la multiplicación. La desobediencia atrae la maldición de la improductividad, mientras que la obediencia la desactiva.