El mundial de fútbol no es un factor determinante para la fortaleza o debilidad política de los gobiernos, según el análisis. Se compara la situación actual con la de gobiernos pasados, señalando que el gobierno de Raúl Alfonsín no ganó las elecciones de 1987 por el Mundial del 86, y que durante la dictadura de Videla, a pesar de ganar el Mundial del 78, la CGT declaró la primera huelga general en la clandestinidad un año después.
Se destaca que la popularidad de un gobierno no se ve necesariamente afectada por eventos como el mundial. Se menciona que el actual gobierno no perderá popularidad incluso si se encuentra en desacuerdo con ciertas cuestiones relacionadas con el mundial. La idea principal es que el impacto político de un evento deportivo es limitado y no define el destino de un gobierno.