Se argumenta que el Mundial no es un factor determinante en la popularidad de los gobiernos. Se compara el caso de Milei con el de Alfonsín, quien no ganó la elección de 1987 por el Mundial del 86, y Videla, quien asumió tras la primera huelga general de la CGT en la clandestinidad, a pesar de la victoria en el Mundial del 78.
Se menciona que la selección juvenil argentina también estaba a punto de ganar un mundial en Japón, a pesar del contexto político. Se sugiere que estos eventos deportivos son una "capa de polvo en suspenso" que deja un impacto mínimo.