La ciudad de Madrid se encuentra cubierta por una densa nube de humo proveniente de incendios cercanos, generando una atmósfera anaranjada y un olor rancio que irrita la garganta.
Las autoridades monitorean la situación y esperan que el viento ayude a disipar el humo y controlar los incendios. La combinación de altas temperaturas, baja humedad y viento fuerte (condiciones 30-30-30) ha sido un factor agravante para la propagación del fuego.