Se reaviva el debate sobre el Mundial, con Guille expresando desacuerdo con las interpretaciones sobre el desempeño de España y Argentina.
Se cuestiona la supuesta "envidia" o "cuota de envidia retenida" de los medios españoles hacia Argentina, atribuyendo parte de este sentimiento al historial de Messi en Barcelona y la rivalidad con el Real Madrid.
Se argumenta que España, a pesar de su buen fútbol, recién irrumpió en la elite mundial en 2010 y que su liga ha dependido históricamente de jugadores extranjeros, incluyendo muchos argentinos.
Se defiende la trayectoria de Argentina como potencia mundial, más allá de resultados puntuales, y se critica la idea de que su éxito sea coyuntural.