Se advierte que el pecado se enseña a través de malos deseos, los cuales traen consigo tristeza, perturbación en las relaciones, enfermedades y otros males.
Se enfatiza que, al dejar de practicar el pecado, las personas ya no estarían bajo la ley, sino bajo la gracia de Dios.
Se reitera que la gracia divina es la acción de Dios a nuestro favor, perdonando pecados, curando enfermedades y solucionando problemas, permitiendo una vida transformada.