El consumo problemático de drogas y alcohol en jóvenes de comunidades vulnerables es una grave problemática de salud mental. La falta de oportunidades y la pobreza los llevan a ver estas adicciones como la única salida para sobrellevar el día a día.
La naturalización del consumo y la falta de esperanza generan un ciclo de desesperación. La estigmatización de las comunidades por estas problemáticas agrava la situación, llevando a la pérdida de su cultura e identidad.
La falta de infraestructura de salud adecuada y la escasez de recursos dificultan el acceso a tratamiento y apoyo especializado. Los casos de suicidio y sobredosis reflejan la gravedad de la situación.