En Villa Gesell se celebra una batalla medieval donde los golpes son reales, aunque las armas no tienen filo. Los competidores utilizan armaduras de hasta 35 kilos, que, si bien distribuyen el peso, pueden romperse en combate y generar lesiones. La seguridad es primordial, con protocolos médicos y equipamiento diseñado para minimizar riesgos.
Se explica que la intensidad de los golpes y la resistencia de las armaduras son cruciales para la autenticidad de la competencia. A pesar de la dureza física, los participantes demuestran gran condición y reflejos. La posibilidad de que el equipamiento falle en medio de una pelea es un riesgo latente, lo que subraya la importancia de la preparación y la cautela.