Se reafirma que la protección de Dios está disponible para los hijos obedientes. Aquellos a quienes Dios bendice, los demonios no pueden maldecir. Las maldiciones que se intentan activar no surten efecto sobre ellos.
Se enfatiza que si estamos bajo el "paraguas protector de Dios", nada se activará, ninguna maldición afectará nuestro hogar o familia. Se glorifica a Dios por el protector que nos ha dado y por la seguridad que tenemos en Cristo Jesús.
Se concluye que si Dios está a nuestro favor, nadie podrá interponerse. Un creyente, guiado y controlado por el Espíritu, vive bajo la protección divina y no es tocado por el maligno, ya que Satanás no es un rival para el Señor.