Luther se enfrenta a un anciano por el trato que le da a un chico enjaulado, argumentando que, a pesar de estar encerrado, no es un animal. El anciano defiende su proceder, sugiriendo que Luther es un cómplice fácil y que debería dedicarse a sus propios asuntos.
El anciano expresa lástima por la situación del chico enjaulado y le ofrece comida a escondidas, a pesar de las reglas. Anuncia su partida a la mañana siguiente, mostrando su desacuerdo con el encierro del joven.