Se abordó la complejidad de entablar conversaciones con adolescentes sobre conflictos y violencias, especialmente cuando los adultos dejan de ser la primera opción para recurrir.
Se enfatizó la importancia de preguntar a los hijos sobre sus vínculos, su bienestar en el colegio y si han vivido o ejercido violencia en espacios de socialización donde la supervisión adulta no es constante.
Se destacó la necesidad de ofrecer espacios de acompañamiento y escucha sin culpabilización, donde los jóvenes se sientan protegidos y no avergonzados de contar sus experiencias.
Se planteó la reflexión sobre si se está perdiendo la conexión y el diálogo con los hijos en la era digital, y la responsabilidad de los adultos en fomentar estos espacios de conversación sin distracciones tecnológicas.
Se sugirió que las vacaciones de invierno son una oportunidad para desacelerar y dedicar tiempo a actividades compartidas, como ir a una plaza o a un café, para fortalecer los lazos familiares y retomar rituales como la cena compartida.