Se explica que, aunque somos templo del Espíritu Santo, podemos profanarlo al permitir la infiltración demoníaca mediante la elección al pecado. Dios advierte que destruirá a quien profane su templo.
Se utilizan los ejemplos de Pedro y Ananías, quienes eran templos del Espíritu Santo pero abrieron la puerta al pecado, permitiendo que Satanás entrara en sus corazones. Se aclara que no se trata de posesión, sino de profanación del templo a través del pecado.