Se argumenta que la campaña anti-Argentina se basó en la identificación del país con Javier Milei, presentándolo como un líder de la ultraderecha global, aliado de Trump y Netanyahu.
Se menciona que sus redes sociales reflejan límites políticos y morales cuestionables.
Se anticipa la presentación de tuits reales y virales que, desde Argentina, podrían llevar a la conclusión de que el país es racista, a pesar de ser una generalización reduccionista.