Finlandia ha desarrollado una extensa red de refugios antiaéreos, con capacidad para casi 5 millones de personas, el 90% de su población. Estos espacios, que incluyen gimnasios, piscinas y salones de juego, se utilizan a diario y se mantienen en perfecto estado, listos para ser activados en caso de emergencia en un plazo de 72 horas.
La obsesión finlandesa por la defensa civil, que comparte una extensa frontera con Rusia, se remonta a la Segunda Guerra Mundial y se intensificó tras su ingreso a la OTAN en 2023. La ley obliga a muchas instalaciones a poder transformarse en búnkeres a prueba de bombas rápidamente.
A diferencia de otros países europeos, donde los búnkeres están en mal estado, Finlandia mantiene su infraestructura de defensa civil en óptimas condiciones, demostrando una costumbre de estar preparados para lo peor en un contexto de creciente tensión internacional.