La investigación sobre las muertes de tres bebes vinculados a Lucía Sosa se profundiza, revelando fallas en el sistema judicial y de salud. Médicos del Hospital Materno Infantil de Mar del Plata ya habían advertido en 2016 sobre posibles irregularidades en el cuidado de los niños, pero la justicia no dio la debida importancia a sus declaraciones.
La falta de entrecruzamiento de datos entre hospitales y municipios (Villa Gesell y Mar del Plata) ha dificultado la trazabilidad de los casos. Se cuestiona por qué no se activaron alarmas suficientes cuando la madre visitó centros de salud en múltiples ocasiones con sus hijos.
Edith, madrina de una de las bebés fallecidas (Yasmín), declaró que Lucía Sosa tomaba la muerte de sus hijos con una extraña frialdad, incluso jugando videojuegos horas después de enterarse. La madrina también mencionó que Lucía Sosa expresaba temor a que le quitaran a sus hijos, sugiriendo que sabía que estaba bajo investigación.
La defensa podría argumentar problemas genéticos o el Síndrome de Munchhausen, pero la acumulación de muertes infantiles bajo su cuidado, y el hecho de que cuatro hijos fueron dados en adopción, refuerzan la sospecha de negligencia o dolo. La justicia de familia es señalada por no cumplir protocolos y no investigar adecuadamente, a pesar de las advertencias.
La madre y su actual pareja, Aguirre, están siendo sometidos a pericias psicológicas. El hijo de cuatro años se encuentra en un instituto de cuidado. La investigación busca determinar la responsabilidad de cada uno en las muertes y el estado de vulnerabilidad de los menores.