Se expone la idea de que el Reino de los Cielos es comparable a un tesoro escondido, y que al encontrarse con Jesús, se halla este tesoro invaluable. Se argumenta que tener a Jesús en el corazón significa tenerlo todo, asegurando la victoria en cualquier circunstancia, incluso si los padres abandonan.
Se cita la Segunda de Corintios 4:7-10 para ilustrar que esta "riqueza" o "tesoro" se lleva en "vasos de barro", para que el poder sea de Dios y no propio. A pesar de las tribulaciones, angustias, persecuciones y derribos, los creyentes no desesperan ni son destruidos, pues la vida de Jesús se manifiesta en ellos.