La protagonista narra su experiencia al presentarse a los exámenes de ingreso al ISER, institución donde se formaban los profesionales de la radio y televisión. El proceso de admisión era riguroso, incluyendo instancias de fonética de inglés, francés, italiano y alemán, además de cultura general.
A pesar de haber estudiado idiomas en el secundario, tuvo que prepararse intensamente. Hubo un momento de gran angustia cuando, tras finalizar el examen, el profesor Juan Ramón, padre de un conocido, no la nombró al dar las notas. Temiendo haber reprobado, se presentó y descubrió que, si bien había obtenido la nota más alta y no necesitaba hacer el curso, debía hacerlo de igual manera, lo que ella consideró un gesto muy pícaro y hermoso por parte del profesor.