Una panelista defiende su derecho a opinar, calificándose como feminista y cuestionando la credibilidad de una persona que, según ella, ha mentido sobre aspectos personales. Argumenta que, aunque se defienda a la mujer, no se deben aceptar las mentiras.
Otra participante replica que, a pesar de las opiniones, cada una tiene su mirada y que es respetable. Sin embargo, insiste en que la credibilidad de las afirmaciones se ve comprometida cuando provienen de alguien con un historial de mentiras.