Se comenta la situación de Marisa Zavali, quien supuestamente se dedica a buscar precios en carnicerías, algo que se considera poco probable dado que vive sola y no necesita grandes cantidades de comida.
Se recuerda su etapa en LAM, donde se levantaba muy temprano para ir a su local en Avellaneda, destacando que ese sacrificio era mayor que hacer una nota por la tarde. Se defiende que cubrir ciertas notas de calle es parte del oficio y no necesariamente un castigo.