Europa atraviesa una severa sequía, la peor desde que existen registros, con un impacto devastador en los cultivos y los niveles de los ríos. Se han perdido aproximadamente nueve millones de toneladas de cosechas en el continente.
Las restricciones para el uso de agua son extremas, prohibiendo el riego de jardines y el llenado de piscinas en varios países de Europa Occidental. Los niveles del río Rin han alcanzado mínimos históricos, impidiendo la navegación y afectando el transporte fluvial, crucial desde la Revolución Industrial.
La sequía ha provocado que casas flotantes queden varadas en tierra y que los canales europeos, vitales para el comercio, se encuentren secos. En el Reino Unido, se reporta la ausencia de lluvias durante días, y en general, las autoridades solo permiten el uso de agua para emergencias.