Francia experimentó una ola de calor que batió récords históricos entre el 17 de junio y el 2 de julio, resultando en 5.764 muertes más de lo habitual para el período. Este exceso de mortalidad, el más alto desde 2003, se concentró en un 56% entre los días 25 y 27 de junio, coincidiendo con el pico de las temperaturas.
En total, se observaron 21.600 muertes adicionales en comparación con las 15.910 esperadas, lo que representa un aumento del 36,2%. Las personas mayores de 75 años constituyeron dos tercios de los fallecimientos. Aunque los decesos no se pueden atribuir directamente al calor, este fenómeno climático exacerbó las condiciones existentes.