El mensaje compara a Débora y Jael con la madre de Cisara, general del ejército cananeo. Mientras Débora y Jael son presentadas como figuras de inspiración y honor, la madre de Cisara es criticada por preparar a su hijo para la opresión y la crueldad.
Se describe cómo la madre de Cisara alentaba a su hijo a ser un opresor cruel, a aplastar la resistencia israelita y a servirse de las doncellas como botín. Su egoísmo y su alegría por el botín sexual, incluyendo la idea de que su hijo tomara doncellas israelitas para gratificar a los soldados, son fuertemente condenados.
Se contrasta esta actitud con la de Débora y Jael, resaltando que la madre que prepara a su hijo para la desgracia y la crueldad termina destruida, mientras que aquellas que se ponen del lado de Dios brillan como el sol del mediodía.