El pastor Cinalli contrasta las "cosas que se ven" (temporales) con las "cosas que no se ven" (eternas), enfatizando la fugacidad de lo terrenal.
Advierte que al morir, las riquezas terrenales no acompañan, citando el Salmo 49 y el libro de Job para ilustrar que nada se puede llevar de este mundo.
Destaca que perder el alma en el infierno es peor que perder cualquier logro terrenal, y que la muerte separa de los tesoros terrenales.