La licenciada Purita explica por qué en invierno sentimos más hambre y ganas de comer alimentos dulces y harinas. Menciona que el frío y la ansiedad contribuyen a esto, llevando a buscar alimentos más calóricos para compensar la pérdida de calor corporal.
Señala que el consumo de harinas puede generar un círculo vicioso, ya que provocan un subidón de energía seguido de una caída, lo que impulsa a querer más.