La inflación, aunque en descenso, no se traduce en un aumento del poder adquisitivo de los argentinos. A pesar de que la desaceleración inflacionaria por debajo del 2% era un objetivo del gobierno, los salarios reales no logran recuperarse.
La falta de dinero en el bolsillo impide a la gente realizar compras en el supermercado. La imposibilidad de acceder a bienes básicos como la leche genera endeudamiento, con 7 millones de personas complicadas por deudas. La situación se agrava ante la falta de otras "buenas noticias" económicas.