El primer paso fundamental para sanar una historia que ha marcado profundamente a una persona es hablarlo y escribirlo. Esta externalización del dolor es crucial para iniciar el proceso de curación.
Se propone también realizar acciones activas que reparen simbólicamente lo vivido pasivamente, como abrazar a alguien si no fuimos abrazados. El objetivo es transformar el dolor en un don, utilizando la experiencia para ayudar a otros.